Añoro cuando EE UU se esforzó en justificar la invasión de Irak, con un afán de legalidad tan embustero como imperioso
La nostalgia ya no es lo que era. Así tituló su libro de memorias la gran Simone Signoret, que sin duda tenía material para nostalgias de primera clase, desde el amor con Yves Montand hasta su participación en algunas de las mejores películas del cine francés, desde los años treinta hasta aquella obra maestra de Jean-Pierre Melville de los últimos sesenta, El ejército de las sombras, donde Signoret era una serena heroína de la Resistencia. La intensidad de la nostalgia no depende del mérito objetivo de lo añorado, así que lo mismo puede suscitarla una pasión estremecedora que el olor escolar de los lápices o la tiza. En mi caso, noto señales alarmantes de nostalgia por cosas de muy poco valor, un empobrecimiento que tal vez se corresponda con el de lo que se espera del mañana. La expectativa podría ser una nostalgia no del pasado sino del porvenir. De hecho, las épocas de mayores expectativas son aquellas de la primera juventud en las que uno acumula tan poco material del pasado que no ha tenido tiempo de añorarlo.